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Manuel Bouzo. Instrucciones para abrir una ventana

Manuel Bouzo

Instrucciones para abrir una ventana

«Siempre que trate de abrir una ventana clave los ojos en ella y obsérvela fijamente, muy fijamente. Después, para darle confianza y sin dejar de mirarla, describiendo sucesivos semicírculos concéntricos, acérquese a ella despacio, muy despacio, lentamente. Finalmente, cuando esté al alcance de su mano, entrecerrando los ojos y teniendo sumo cuidado de que no le muerda, con enorme rapidez y destreza, gire su pestillo y, una vez liberado de su anclaje, tire bruscamente de él, como si fuese la anilla de una granada, soltándolo inmediatamente. Después, pese a la brusquedad del estallido, abra totalmente los ojos».

Manuel Bouzo


Se trata indudablemente de volver a respirar. Y no es solo porque la situación se haya vuelto irrespirable, tanto política como ambientalmente. El uso obligatorio de la mascarilla lo delata. Se trata también de permanecer fiel a un compromiso. Seguir exponiendo. Seguir trabajando. Sobre todo, en un momento en que las cosas se ponen complicadas, tanto profesional, como económica, como políticamente.

A ello Manuel Bouzo se enfrenta con unas elementales “instrucciones para abrir una ventana”: una exposición de su trabajo como artista, que recoge numerosas obras, realizadas a lo largo de los últimos veinte años.

Nacido en Orense en 1946, Bouzo, ha desarrollado una larga trayectoria como pintor, como artista plástico y como agitador cultural. Aunque estudió arquitectura y luego psicología, desde su viaje iniciático a Londres, en 1970, ha ejercido como camarero, cocinero, jardinero, periodista y, sobre todo, como viajero (primero se instaló en Ibiza y, desde allí, ha viajado especialmente a la India y al Nepal). En 1998 obtuvo una beca del Ministerio de Asuntos Exteriores, para la Academia de España en Roma, y en 2003, una beca de la Fundación Botín, para una estancia de estudios en la India. Le gusta decir que su trabajo consiste en “reunir cosas, sea pintando o sea recolectando”. O más bien, que su trabajo es más unir, juntar y buscar nexos, más que reunir. Aunque reconoce que para juntar, antes haya que encontrar y almacenar. De hecho, en algunas obras, el artista indicaba como técnica la palabra “encuentro”, si se trataba de dos elementos, o “reunión” si eran varios

Pero todo ello es cierto y no solo en lo que se refiere a su trabajo. Pues no solo le gusta juntar y reunir experiencias, sino también personas. En 1997, junto con Florentino Díaz, Ana Sánchez y Miguel Villarino, decide rehabilitar una nave industrial en un pueblo de la periferia de Madrid (Torrejón de Velasco) y allí abrir un espacio artístico y cultural, El Jacalito, al que luego se irán sumando otros muchos artistas.

La exposición que ahora presenta tiene algo de esta doble característica de su vida y de su obra. Vemos por un lado numerosos objetos o esculturas, organizados al modo de objects trouvées intervenidos. No se trata tanto de instalaciones ni propiamente de esculturas, sino más bien de poemas visuales, al modo de los de Joan Brossa, para los que el título es un elemento decisivo. Vemos, por otro lado, algunos cuadros pintados sobre lienzo, con la falsa apariencia de grabados o de collages. En la mayor parte de ellos hay una reflexión sobre el arte o sobre la práctica del arte. En todos ellos parece que rige el principio compositivo del collage. O, mejor dicho, de la reunión de objetos.

Encontramos así, por ejemplo, dos carritos, con la vaga apariencia de esculturas. El uno se titula “Carro para Sísifo” y el otro “Carro para Ícaro”. Si el uno parece que nos asegura un perpetuo retorno de lo mismo, el otro nos promete indefectiblemente la caída. A pesar de todo el bagaje que arrastramos, las alas para escaparnos se encuentran dentro de una jaula.

Vemos así también algunos cuadros pintados con la apariencia de collages. Y algunos collages enmarcados, con la apariencia de cuadros. Todos ellos nos recuerdan algunas reflexiones burlonas acerca del arte y del artista. “Ya te diré yo lo que es el arte”, le dice en uno de sus cuadros el lobo feroz a Caperucita, cuando está a punto de devorarla.

Manuel Bouzo ha sido Premio de pintura Ciudad de Palma (1991) y Premio a la Creación artística de la Comunidad de Madrid (2005). Ha expuesto en galerías de Ibiza, de Palma de Mallorca, de Zaragoza, de Santander, de Granada y en varias galerías madrileñas. Obras suyas se encuentra en la Academia de Bellas Artes de Roma, en el Círculo de Bellas Artes de Madrid o en la Colección BBVA de Madrid, entre otras muchas colecciones públicas o privadas.

Antes de despedirse, me recita unos versos de Louis Aragon, con los que se identifica especialmente: «Soy el orfebre de materias descartadas —me dice—, engarzador de materias inútiles».


Miguel Cereceda