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CONTRA VIENTO Y MAREA 45 Aniversario de la Galería Fúcares

Ciclo de intervenciones

Marcel Duchamp: Arte y pensamiento

Dirección, José Jiménez.

· 5 de octubre. Conferencia, José Jiménez: El arte en la maleta.

· 9 de noviembre: conferencia, Luis Francisco Pérez: El misterio de la caja fuerte.

· 16 de noviembre: conferencia, María Bolaños: El artista museólogo.

· 23 de noviembre. Mesa redonda, Isidoro Valcárcel Medina, Abigail Lazkoz, 
Raquel 
Algaba: Marcel Duchamp, A través de los artistas.



El ciclo tendrá lugar en el Ateneo de Almagro en horas que a su debido tiempo se harán públicas.

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PROGRAMA: 
Ateneo de Almagro: 18:00 horas: Conferencia de D. José Jiménez, profesor de Estética en la Universidad Autónoma de Madrid, ensayista en los ámbitos de la Filosofía y la Teoría del Arte. Director de los Escritos de Marcel Duchamp, Barcelona, Galaxia Gutenberg, 2012., entre otras publicaciones como "Filosofía y emancipación" Madrid, Espasa-Calpe, 1984; "Imágenes del hombre. Fundamentos de Estética", Madrid, Tecnos, 1986; reed. 1998; "Teoría del arte", Madrid, Tecnos-Alianza, 2002. Trad. italiana: "Teoria dell’arte", Palermo, Aesthetica, 2007; "La imagen surrealista", Madrid, Trotta, 2013; "Crítica en acto. Textos e intervenciones sobre arte y artistas españoles contemporáneos", Barcelona, Galaxia Gutenberg, 2014.



CONTRA VIENTO Y MAREA
45 Aniversario de la Galería Fúcares

Por Luis Francisco Pérez


La Galería Fúcares abrió sus puertas en el año 1974 del pasado siglo, dos años después de que el magnífico casco antiguo de Almagro, la bella ciudad manchega en la que se encuentra la galería, fuese declarado conjunto histórico-artístico. Habrían de transcurrir únicamente cuatro años más para que en 1978 tuviera lugar la primera edición del Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro. Es en este interesante y muy atractivo contexto social y cultural, entonces, donde un hijo de la ciudad, Norberto Dotor, decide embarcarse en la necesaria aventura -seamos lógicos y sinceros: la palabra “aventura” es la más apropiada, y la siguiente sería “locura”- de abrir una galería de arte que viniera a enriquecer el novedoso contexto de época que recién hemos apuntado. Y naturalmente, la galería no era, o no únicamente, un espacio “de arte” (que también, por supuesto), pues su compromiso con la ciudad de Almagro debe ser igualmente calificado, antes y ahora, de hecho cultural.

Pero volvamos al año de gracia de 1974. El dictador Francisco Franco vivía su último año de vida, no sin antes firmar la sentencia de muerte del anarquista y antifascista español Salvador Puig Antich. El dictador también pudo llegar a ver, el 25 de Abril, el triunfo en Portugal de la Revolución de los Claveles, así como la dimisión de Richard Nixon como Presidente de los Estados Unidos, cercado y acosado por su innoble y antidemocrática participación en el Caso Watergate. Y un último y muy importante dato histórico: en octubre del año que la Galería Fúcares inicia su andadura es elegido Felipe González en el Congreso de Suresnes (cerca de París) Secretario General del Partido Socialista Obrero Español (en aquel año el acrónimo PSOE impresionaba muchísimo más que ahora). Me parece importante focalizar estos apuntes históricos para una mejor comprensión de la realidad nacional e internacional en el año de apertura de la galería, y con ello el deseo por focalizar una de las más valiosas constantes que siempre ha defendido Norberto en la dirección de su espacio cultural: el irrenunciable compromiso del arte que le interesaba y exhibía en tanto que reflejo y espejo de una realidad de vida y existencia marcada por las contingencias de la Historia y de la historia. Ah, y que no se me olvide, en 1974 tuvo lugar la magna exposición retrospectiva de Marcel Duchamp en el Museum of Modern Art de Nueva York. Como se podrá comprobar por los datos ofrecidos Norberto Dotor no pudo escoger mejor año para abrir la Galería Fúcares de Almagro.

En el 1974 la tensión dialéctica entre “centro” y “periferia” aún no formaba parte de los debates –más o menos sociológicos, más o menos intelectuales- que años después intentaban explicar, o lo pretendían, los desequilibrios culturales (y para ceñirnos únicamente a lo propio de una galería de arte, pero sin olvidar que esos desajustes eran básicamente económicos) que expresaban el hecho de estar o no cerca o lejos de los escenarios del poder. En 1974 España entera bien se podía definir como “periférica”, y ni siquiera el deseo (inaudito) de abrir una galería de arte en medio de las soledades manchegas podría clasificarse como un proyecto en la periferia de la periferia. Insisto: toda España era periférica incluso para sí misma (seguíamos viviendo en una dictadura), y aún se necesitarían doce largos años para la estrada de nuestro país en la Comunidad Europea. Con otras palabras: Norberto Dotor cometió la hermosa locura de abrir una galería de arte en su pequeña ciudad natal, y contra los vientos y mareas de la situación política española de entonces, pero aquella locura se mantuvo en el tiempo y con el mismo nombre en dos diferentes espacios de Madrid (en 1987 en la calle Conde de Xiquena, para posteriormente trasladarse en el 2012 a Doctor Fourquet). Pero el magnífico espacio original en el número 3 de la calle San Francisco de Almagro se mantiene (de nuevo: contra viento y mareo) con el mismo rigor, ímpetu, profesionalidad, saber hacer, amor e ilusión de cuando fue abierto en el lejano año de 1974.

Mantener cuarenta y cinco años abierta una galería de arte, en este país y en cualquier otro, es una hazaña y un prodigio que únicamente se entiende desde la entrega más absoluta, desde la fe inquebrantable en los artistas y sus obras, desde la pasión más segura y constante, y desde la profesionalidad más sincera y más alejada de cualquier capricho o veleidad que no estuviera centrada esa profesionalidad en el mantenimiento, “contra viento y marea”, de un espacio donde desinteresadamente se puede contemplar arte -y también comprarlo, aunque esto sucede, por desgracia, con mucha menos frecuencia- en un país que nunca ha tenido un coleccionismo lo suficientemente reconocido y preparado (las nobles excepciones no alivian la general y común indigencia) como para ser calificado de esa manera, al menos por lo que se entiende como tal en otros países europeos.

De ahí el necesario reconocimiento de la labor desarrollada por Norberto Dotor a lo largo de más de cuatro décadas, básicamente por lo que ha supuesto de visibilidad del arte español contemporáneo: desde el fin de la dictadura, atravesando la larga y compleja Transición, hasta la relativa “normalización” -por más que nos gustaría no podemos dejar de utilizar el precavido y un tanto escéptico entrecomillado cuando hablamos de “normalidad” en el sistema del arte español- que con sus más y sus menos (más frecuente esto último) se impuso desde, aproximadamente, finales de la década de los ochenta con la significativa entrada de España en la Comunidad Europea. Naturalmente, cuarenta y cinco años dan para momentos (muchos) de gran felicidad por el trabajo realizado, para también otros de gran desaliento y frustración, igualmente muchos, donde el protagonista de nuestra historia se ha encontrado, literalmente, “con el agua al cuello”. A pesar de todo los años han ido pasando, y las exposiciones –en Almagro, luego Madrid y ahora de nuevo Almagro- se han ido sucediendo y los artistas han ido exponiendo y los espectadores hemos sido privilegiados compañeros de viaje por esa inquebrantable pasión por el arte que Norberto ha demostrado durante tantos y tantos años.

Y naturalmente cuarenta y cinco años al pie del cañón bien merecen una celebración a la altura de la importancia (artística y sentimental) de la fiesta (me gusta la palabra) que en pura lógica Norberto desea celebrar. De ahí, y una vez más, que haya decidido organizar una muestra colectiva con artistas que han expuesto en la galería, en un momento u otro, durante los años transcurridos. Ya hemos apuntado, al inicio de este escrito, que la Galería Fúcares inició su andadura en el mismo año que el Moma de Nueva York organizó la mejor exposición de Duchamp hasta la fecha. Si bien el título de esta fiesta conmemorativa no está en función de aquella muestra neoyorquina, pero sí de su protagonista, nadie nos impide, bien al contrario, situarla en el mismo universo referencial de la celebración que nos ha preparado Norberto. El título, digámoslo ya, es 45 artistas con 45 museos en 45 maletas. Homenaje a Marcel Duchamp. El enunciado es lo suficientemente inteligente como para, uniendo la claridad de lo explícito a la productiva interrogación del misterio, preparar a quienes tengan la suerte de ver esta exposición a una noble y brillante secuencia de “homenajes”: al arte y a los artistas españoles, al trabajo bien hecho, al merecido reconocimiento que Norberto se ofrece a sí mismo invitándonos a su fiesta, a los años transcurridos y a los que vendrán. Y a la vida. Y a Duchamp, por supuesto.